Uno de los héroes del rescate en el incendio de la residencia de ancianos en Asturias: “Encerré a tres ancianos en una habitación y puse una camiseta mojada bajo la puerta”

Se llama Lucas Díaz y acaba de ser padre. Vive junto al palacio de Valdesto, en Asturias, a poca distancia de la residencia geriátrica cuya segunda planta ardió en la madrugada de este miércoles, y fue el primero en auxiliar a los ancianos y uno de los héroes del rescate. 

Por lo poco que pueden dormir los padres de una criatura de tres meses, fue que Díaz y su mujer estaban fumando en el exterior de su casa y a eso de la una de la madrugada escucharon sonar la alarma de la residencia. Su pareja le dijo que le parecía ver humo. No se lo pensó, cogió su coche y se plantó en dos minutos ante la residencia. El primero. Llegó en zapatillas. Eso sí, con su ventolín en el bolsillo, que no olvido coger porque es asmático e intuía a lo que podía enfrentarse. 

“Escuché a una señora pedir auxilio. Vi que de la habitación de al lado salía humo, no me lo pensé y salté el muro. Otra señora de la planta baja me abrió una puerta y entré. Ayudé a tres personas a guardarse en una habitación, mojamos la camiseta con agua, a la espera de que llegasen los bomberos”, cuenta este sierense de Leceñes, que ayudó a Policía Local, Guardia Civil y Bomberos a sacar a los residentes. Luego otro vecino le prestó una sudadera. Volvió a mojarla y repitió la misma operación para que los mayores no inhalaran humo.

“Al final te das cuenta de que pueden ser tus abuelos, no me lo pensé y actúe”, rememoraba después de las tres de la madrugada todavía al pie del cañón, cuando lo peor ya había pasado y aún conmocionado por lo vivido. 

Su mujer fue la que alertó a los servicios de emergencia. El despliegue fue espectacular. La fila de vehículos llegaba desde la carretera general, donde está la desviacion junto a la iglesia hacia la carretera de Leceñes, hasta la residencia. Ahí estaban aparcados a lo largo de la cuesta ambulancias, camiones y coches de las fuerzas de seguridad a lo largo de unos 300 metros. 

Otro vecino, Sergio Gago, también aportaba su testimonio. “Lo primero que escuché fue a una señora gritar ‘Sacadme, que me quema la habitación’”, explica. “Ayudé a ir evacuando a los ancianos. Fue difícil, muchos tenían poca movilidad”, cuenta. 

A pocos metros, en una casa casi pegada a la residencia vive otro joven, Juan Riestra. “Nos alertó el perro con sus ladridos. Salimos y escuchamos la alarma. Ya vimos todo el follón. Ayudamos a los bomberos a tirar las mangueras. Les trajimos unos calderos para que pudieran limparse la cara”.

“Es algo que impacta, ver gente mayor en una situación así… algunos estaban algo desorientados”, coinciden en señalar quienes se acercaron para asistir a los intoxicados en los primeros minutos del suceso.

Los sanitarios eran los encargados de transmitir calma y serenidad. Muchos evacuados salían conscientes de la situación, pero otras algo aturdidas. “Estás en el prau de la residencia, no te diste cuenta de que hubo un incendio, pero ya ha pasado todo”, le decía uno de los profesionales a una residente, en el hospital de campaña montado a la entrada. Pudo ser una tragedia. Jamás podrán olvidarlo.

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