Sofia Coppola se oculta tras Priscilla Presley

Es del todo razonable suponer que después de ‘Elvis’ (2022), el grandilocuente y larguísimo biopic dirigido por Baz Luhrmann, ya no queda gran cosa que contar sobre el Rey del rock and roll. En ese sentido, sin embargo, en defensa de la película que Sofia Coppola ha presentado a concurso en la Mostra debe decirse que su enfoque del personaje es tan distinto que, de no ser porque la directora empezó a trabajar en ella desde mucho antes de que esa predecesora existiera, resultaría tentador suponer que la ha concebido a modo de refutación. Si ‘Elvis’ trataba al músico como una víctima a manos de su ‘manager’, el terrible Coronel Parker, ‘Priscilla’ sostiene que la verdadera víctima entre todos los residentes de Graceland fue la mujer a la que hechizó cuando ella era solo una niña de 14 años y de la que luego abusó sistemáticamente haciendo valer su poder y su hombría, tratando de moldearla a su gusto, tratándola como una mascota a la que dedicar unas caricias antes de seguir con sus cosas y sus amigos, engañándola con otras mujeres y sometiéndola a maltratos físicos y psicológicos de forma regular hasta que se divorciaron en 1973, tras seis años de matrimonio. La claridad de sus argumentos, eso sí, contrasta con la apatía y hasta la aparente desidia que demuestra al exponerlos. 

Basada en el libro de memorias Priscilla Presley publicó en 1985, la nueva película presenta varias diferencias más respecto a la de Luhrmann. No incluye canciones interpretadas por el Rey en su banda sonora, porque Elvis Presley Enterprises -compañía que posee los derechos de reproducción de ese catálogo- no autorizó su uso, y no es un festival de luces y colores sino una sucesión de escenas que transcurren en la sombra o en espacios insuficientemente iluminados, porque así de sombrío, sugiere, era el mundo de Priscilla a pesar del brillo de la jaula dorada en la que vivía encerrada. Pese a esto último, no obstante, esa metáfora visual es prácticamente la única vía a la que Coppola recurre para transmitir el sufrimiento de su protagonista. La directora acierta al no echar mano del tremendismo ni retratar a Elvis como un monstruo, pero no encuentra herramientas alternativas para generar intensidad dramática. “He querido mostrar tanto la realidad de aquel romance como la ilusión construida alrededor de él”, ha asegurado hoy Coppola durante su rueda de prensa en la Mostra. Presley, que no se encontraba a su lado sino sentada entre los periodistas en primera fila, ha añadido. “No le dejé porque no le quisiera, él fue el amor de mi vida, fue su estilo de vida lo que me resultó difícil de soportar”.  

La directora Sofia Coppola y la actriz Cailee Spaeny. | GUGLIELMO MANGIAPANE

En buena medida por todo lo dicho, el resultado es una recreación que anda justita de personalidad pese a que, en realidad, no es sino otra de las historias de muchachas tristes y atrapadas en un mundo de privilegios que componen el grueso de la filmografía de Coppola. ‘Las vírgenes suicidas’ (1999) destaca por ser su mejor película; ‘María Antonieta’ (2006), por ser la más audaz; y ‘Lost in Translation’ (2003) y ‘Somewhere’ (2010) -que en su día le supuso el triunfo en este festival-, por ser las más autobiográficas; ‘Priscilla’ es, quizá, la más anodina.

El regreso de Hamaguchi

También presentada hoy a concurso en la Mostra, ‘Evil does not exist’, la primera película que el japonés Ryûsuke Hamaguchi estrena después de que ‘Drive my car’ (2021) le proporcionara la consagración internacional definitiva -además del Premio Especial del Jurado en Cannes y el Oscar, entre otros muchos galardones- es una obra tan extraña e impredecible como bella e hipnótica. A primera vista, aparenta ser una historia sobre los abusos que el capitalismo comete sobre el medio ambiente: la vida en un apacible pueblo cercano a Tokio, algo parecido a un paraíso natural, se ve amenazada cuando sus habitantes descubren que una compañía pretende montar allí un negocio de ‘glamping’ para turistas ricos. Sin embargo, a medida que avanza va cambiando varias veces de tono y de ritmo, y en el proceso se va erigiendo en una conmovedora parábola sobre la generosidad de la naturaleza pero tambien su indiferencia incluso frente a quienes tratan de protegerla, y sobre la brutalidad que hasta los animales más pacíficos, incluídos los humanos, son capaces de ejercer cuando se ven amenazados.

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