Pimpinela, cuarenta años de (des)amor

Que veinte años no sean nada es algo que se puede discutir. Sin embargo, pocos se atreverían a negar que cuarenta se merecen una celebración por todo lo alto. Así lo han pensado los hermanos Lucía y Joaquín Galán, que se encuentran girando por nuestro país celebrar con el público español sus cuatro décadas de carrera profesional como Pimpinela.

Son muchas las cosas que han sucedido en este tiempo. Por ejemplo, más de veinte discos publicados, treinta millones de copias vendidas, un centenar de discos de oro, platino y diamante, innumerables conciertos y millones de seguidores que demuestran que, cuarenta años después, la fórmula de Pimpinela no se ha agotado.

Descubiertos por Luis Aguilé, showman argentino al que debemos también Es una lata el trabajar o La Chatunga, la propuesta de los hermanos Galán —cuyo origen estaba en poner música a las improvisaciones del grupo de teatro al que acudía Lucía—, resulta tan reconocible y carismática que, cualquier intento de hacer algo parecido recordaría siempre a Pimpinela. Por tanto, mejor dejarlo estar.

El dúo Pimpinela, en Madrid. | EFE

Un público entregado

Después de pasar por Marbella, Valladolid, Albacete y antes de visitar Oviedo, Las Palmas, Tenerife, La Coruña, Barcelona, Valencia y Murcia, Joaquín y Lucía agotaron ayer todas las localidades del WiZink Center, recinto que, hace cuarenta años era, sencillamente, el Palacio de los deportes.

A las 21 horas en punto, hora anunciada de inicio del concierto, el publico comenzó a dar palmas para reclamar la presencia del dúo, que aún se haría de rogar un poco más. Primero llegaría un vídeo para recabar ayuda para el Hogar Pimpinela para la niñez, el proyecto de los hermanos Galán para mejorar las condiciones de vida de menores en situaciones familiares complejas. A continuación, otra proyección en la que se repasaban brevemente y de forma cronológica los éxitos de Pimpinela, que fueron cantados por una audiencia totalmente entregada y cuyo rango de edad abarcaba a los de Yo fui a EGB y, de ahí, para atrás.

Aunque Joaquín comentaba que, a lo largo de estos cuarenta años, el repertorio de los conciertos cambiaba y unas canciones dejaban paso a otras para después ser recuperadas, lo cierto es que Pimpinela podía haber interpretado todas las caras B y las rarezas de su discografía, que el publico las hubiera coreado de principio a fin sin fallar una nota ni equivocar una palabra.

Acompañados de una solvente banda con sección de vientos incluida, Pimpinela repasó a lo largo de dos horas y media todos los grandes éxitos de su carrera, prescindiendo de introducciones, solos de los instrumentistas y cualquier otro virtuosismo para centrarse en los estribillos. Además de animar a cantar a los asistentes, esta solución permitía que los temas se sucedieran con rapidez y solo fueran interrumpidos por algunas anécdotas a modo de presentación, chistes a medio camino entre las Matrimoniadas de José Luis Moreno y las peleas en broma de Juanito Valderrama y Dolores Abril, y las felicitaciones en vídeo de diferentes personalidades. Por ejemplo, Gloria y Emilio Estefan, Santiago Segura, Maluma, José Mercé, José Mota y Julio Iglesias que, a diferencia de los demás, solo envió un audio con una titubeante voz que demostraba que, por el intérprete de Hey!, también han pasado cuarenta años.

Lucía deslumbrante

Durante todo el concierto, Pimpinela estuvieron arropados por una puesta en escena espectacular en la que destacaban el buen juego de luces y las proyecciones, algunas de las cuales eran antiguos vídeos de la pareja perfectamente sincronizados con la actuación del dúo, lo que permitió, por ejemplo, recrear en directo el dueto que en 1985 realizaron con Dyango para la canción Por ese hombre. Algo que también se podía haber repetido con Maradona y Querida amiga pero que, lamentablemente para los amantes del fútbol y afortunadamente para los seguidores de Euterpe, no sucedió.

Además del dúo pregrabado con el catalán, uno de los momentos álgidos de la velada fue La reina de la noche, un tema basado en la historia real de una vecina de la familia Galán del barrio de Villa Urquiza que, devorada por los celos, acabó asesinando a su pareja. Aunque fue cantada a dúo por los hermanos, como todo el repertorio de Pimpinela, en esta ocasión fue Lucía la que, ataviada con una especie de sudario blanco, encarnó a la mujer con un dramatismo e intensidad tal, que puso en pie a todo el Wizink Center que, a partir de ese momento, tuvo el corazón en un puño.

Primero fue por 2020: El año que se detuvo el tiempo, un tema sobre la pandemia dedicado a todos aquellos que se fueron y no pudieron ser despedidos, que fue seguido de un improvisado homenaje a los sanitarios y a todas las personas que lucharon por la salud de la población en esos momentos difíciles. A continuación, los hermanos interpretaron una canción en homenaje a su madre —fallecida también en ese fatídico 2020—, tema al que siguió otro dedicado al padre de Lucía y Joaquín y a todos los seres queridos que ya no están. Por último, le llegó el turno a La Familia, canción que reivindica esta institución, a pesar de sus imperfecciones e inevitables roces entre sus miembros.

Después de este emocionante bloque, por no decir bajonero, los hermanos encararon el fin del espectáculo pero, antes de dar paso a su archiconocido Olvídame y pega la vuelta —que desde 2015 forma parte del repertorio de Pablo Iglesias junto a Cuervo ingenuo, ¿Dónde se habrá metido esta mujer? y Duerme negrita—, Lucía y Joaquín decidieron ir un poco más allá en su exploración de todas las posibilidades del amor, incluidas las no normativas o socialmente mal vistas.

Ese es el caso de Traición, en la que se narra la historia de una pareja que se rompe porque él se ha enamorado de su mejor amigo, y Cuando lo veo, sobre una mujer madura que mantiene relaciones sexuales con un hombre mucho más joven que ella. Dos ejemplos que demuestran que, si bien en estos cuarenta años han pasado muchas cosas, Pimpinela, el dúo del amor romántico cis-hetero por antonomasia, no solo no ha estado ajeno a ello, sino que le ha hecho un hueco en su repertorio.

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