‘One Piece’, ahora en imagen real en Netflix: un desafío difícil de superar

Si algo distingue al cómic y la animación japonesas, es su imposible imaginación, su apuesta por explotar a conciencia los elásticos límites de unos medios en los que no importan necesariamente la gravedad ni la realidad. Adaptar mangas y animes a la imagen real es un desafío que pocos han logrado resolver. Tras intentarlo (en vano) con ‘Death note’ o ‘Cowboy Bebop’, Netflix se la juega de nuevo adaptando ‘One Piece’ (jueves, día 31), dislocada aventura de piratas con un héroe literalmente elástico, a la carne y el hueso. 

El desafío es especialmente importante por el grado de popularidad de la marca, toda una franquicia de entretenimiento que, durante algo más de un cuarto de siglo, ha generado no solo una eterna colección de historias en viñetas, sino también animes de diversos formatos, novelas ligeras y videojuegos. De sus tomos de manga, ciento seis hasta la fecha, se han vendido más de 516 millones de copias desde 1997. La serie de anime, estrenada por Telecinco en 2003 y el K3 en 2006 (y recuperada este verano por el SX3), superó el millar de capítulos el pasado 2021. La decimoquinta entrega cinematográfica, ‘One Piece Film: Red’, fue la película más taquillera en Japón en 2022, por delante de ‘Top Gun: Maverick’. Cifras de cinetosis. 

¿Qué tiene ‘One Piece’ para generar semejantes pasiones? Bueno, básicamente, lo tiene todo. Inspirado por las aventuras de ‘Vickie el Vikingo’, el mangaka Eiichirō Oda creó una emotiva oda al compañerismo que contiene, además, gran comedia física, acción virulenta, todo un desfile de monstruos y de villanos carismáticos e incontables parajes de leyenda. La clase de universo donde le habría gustado zambullirse a su yo adolescente, el mismo para el que todavía hoy sigue dibujando y escribiendo. “No tengo ni idea de cómo se sentirá otra gente, así que consulto con mi yo de 15 años para saber si algo mola o no”, ha dicho Oda en entrevista con VIZ.

La herencia de ‘Dragon Ball’

El título de la saga hace referencia al tesoro dejado en algún lugar por Gold Roger, antiguo Rey de los Piratas, antes de su ejecución. Son muchos los que se hacen al mar en su búsqueda, pero pocos tan entusiastas como el joven Monkey D. Luffy, convertido en chico de goma tras zamparse una de las frutas demoníacas que crecen en este mundo, capaces de otorgar habilidades sobrenaturales y, al mismo tiempo, hundirte cuando entras en contacto con el mar. Mal negocio para un (aspirante a) pirata.

Además de citar ‘Vickie el Vikingo’, Oda también menciona siempre que puede su pasión por el trabajo de Akira Toriyama en ‘Dragon Ball’, evidente sobre todo en la construcción del personaje de Luffy, un primo hermano espiritual de Goku. Hablamos de otro héroe espontáneo, enormemente positivo, que no deja de hacer amigos, o al menos intentarlo, y cuyo apetito por la justicia es solo comparable a su glotonería. También en sus superpoderes pueden ser superparecidos: cuando Luffy dice “gomu gomu no” antes de lanzar uno de sus peculiares ataques, es inevitable pensar en aquel mítico “kame hame ha” imaginado por Toriyama. 

El intento quizá definitivo 

Si Oda aprobó finalmente, después de otras ofertas, una traducción a imagen real de su preciada creación, fue en parte por el entusiasmo mostrado por unos ‘showrunners’, Steven Maeda (antiguo guionista y productor de ‘Perdidos’) y Matt Owens (guionista de ‘Agentes de S.H.I.E.L.D.’ y ‘Luke Cage’), a quienes describe como “superfans”. Además, como productor ejecutivo tuvo oportunidad de colaborar en profundidad con el equipo de Tomorrow Studios o e incluso sugerir rodajes adicionales si no veía algo claro: “Una vez finalizado el rodaje, los productores estuvieron de acuerdo en volver a rodar numerosas escenas porque en mi opinión no cumplían las expectativas”, explica sin problema en las notas de prensa. 

Algunas líneas de Luffy no le parecieron bien sobre el papel, pero sí una vez enunciadas por el energético Iñaki Godoy, joven actor mexicano visto en ‘¿Quién mató a Sara?’. Godoy pone toda la convicción en su composición del líder de la Banda de Sombrero de Paja, al que conocemos, como en la serie animada, ya envuelto en su viaje de descubrimiento y en el intento de dar con la tripulación perfecta. En el primer episodio ya acaba reclutando a un par de miembros: el espadachín Roronoa Zoro (Mackenyu) y la navegante Nami (Emily Rudd), que ha sido descrita por el cocreador Matt Owens como “una hermana mayor rodeada de un grupo de hermanos pequeños”. Más adelante se suman el preciso pero miedoso tirador Usopp (Jacob Romero), que suele contar historias para sanarse a sí mismo y también a los demás, y el chef Sanji (Taz Skylar), cuyo sueño es encontrar el All Blue, un océano de leyenda donde, en principio, confluyen peces procedentes de los mares del Norte, Sur, Este y Oeste. 

¿Triunfará o naufragará? 

Tan importantes como los héroes son enemigos siempre dotados de armas y poderes singulares: en la serie (re)conoceremos a Morgan Mano de Hacha (Langley Kirkwood), monstruoso capitán de fragata de esa Marina a la que suma el temeroso grumete Koby (Morgan Davies), personaje importante en la saga; Buggy El Payaso (Jeff Ward), que tras comerse otra fruta demoníaca puede desmembrar su cuerpo y después volverlo a armar, o Dracule Mihawk (Steven Ward), pirata de imposible habilidad con la espada, uno de los Siete Señores de la Guerra del Mar. 

Hay personajes heroicos y menos heroicos y tramas de sobras para infinitas temporadas, pero queda saber si los fans antiguos aceptarán esta visión ligeramente real de un universo gozosamente irreal. O si esta encarnación capturará la imaginación de aquellos espectadores que no hayan leído una página del manga o disfrutado un minuto del anime. Misterios tan grandes como el del paradero del One Piece.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *