María Oruña desata un crimen masivo en el balneario cántabro de Puente Viesgo

“Es un espacio idílico y bucólico, rodeado de naturaleza. No piensas que pueda pasar algo malo. Pero cuando menos lo esperas, pasa”, dice María Oruña (Vigo, 1976). Se refiere al lujoso Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo, ampliación del sanatorio de aguas medicinales construido en 1766, en cuyo Templo del Agua (entiéndase zona termal y de spa) imagina que tiene lugar un ataque con gas sarín que causa muertos y heridos entre un grupo de empresarios inmobiliarios. Es lo que ocurre en ‘Los inocentes’ (Destino), la sexta, y “la más policiaca y con más acción”, de las novelas de su serie ‘Los libros de Puerto Escondido’, ambientadas en Cantabria.

Y en ese relajante espacio, que se nutre de agua de manantial, al lado del río Pas, está la escritora y abogada gallega presentando ‘su nuevo crimen’, esta vez masivo, que apunta al tema de “la venganza y a preguntarse quién es culpable o inocente”, ante un puñado de periodistas que no pueden evitar mirar alrededor por si a algún criminal se le ha ocurrido imitar esa trama de negra ficción en ese preciso momento. 

María Oruña, en el Templo del Agua del balneario de Puente Viesgo, donde ambienta el crimen de ‘Los inocentes’. | Carlos Ruiz

“Una vez en México, un taxista me dijo que los europeos éramos muy optimistas, que poníamos el despertador confiados en llegar vivos al día siguiente. ‘Sí, somos así’, le dije. Y me respondió con una pregunta: ‘¿por qué confían tanto en ello?’. Por eso, esta novela pone en evidencia la realidad”, añade, ante la posibilidad de un atentado indiscriminado al que enfrenta a su protagonista, la carismática teniente de homicidios de la Guardia Civil Valentina Redondo.  

La venganza es un cúmulo de rabia que, al morderla, te envenena

Con ella, desde 2015, cuando publicó ‘Puerto Escondido’, Oruña ha cosechado más de un millón de lectores y ha sido traducida a nueve lenguas. Cada caso rinde homenaje a un tipo de crimen distinto, del misterio histórico al ‘domestic noir’ pasando por el ‘thriller’ científico, la novela gótica o el relato de enigma clásico de habitación cerrada.

Doble visión

Valentina, siempre con su mirada bicolor (tiene heterocromía de iris, un ojo verde y otro negro) y su doble visión de criminalista y psicóloga, prepara su inminente boda con el escocés Oliver Gordon, dueño de un hotel con encanto cerca de Santander. “Ella es un personaje lastimado, pero que no se ha convertido en un juguete roto o amargado, que sería lo más fácil. No quería un personaje oscuro y sin solución, no sería tan real”, aclara la autora, mientras la lluvia cae sobre Puente Viesgo, frente a un ventanal que da al Monte Castillo, horadado por cuatro cuevas de arte rupestre.

Si matas a uno, eres un asesino; si matas a millones, puedes ser un héroe; si matas a Dios eres un emperador

Pero un trauma reciente remueve en Valentina un sentimiento de venganza, ese “elixir delicioso y adictivo, que se prepara y condimenta de todas las formas imaginables”, escribe en el libro. “La venganza es un cúmulo de rabia que, al morderla, te envenena. Pero a algunos les sirve para seguir viviendo o para tener un objetivo en la vida. Se centran en el lado oscuro de su alma. Es fácil decir ‘yo nunca me vengaría porque ya está la justicia’, que mejor o peor, funciona. Pero si un criminal mata a tu hijo, ¿seguirás confiando en ella? ¿Qué harías tú?”, se pregunta Oruña, que cuando ejercía de abogada vio cómo “los recortes también llegaron a los juzgados y había la mitad de personal en las salas. Así el sistema no puede funcionar igual de bien y ocurren errores”.

Antiguo guerrillero de las FARC

Uno de los ‘malos’ es el personaje de El francotirador, un sicario antiguo miembro de la guerrilla colombiana de las FARC, lector del ‘Crimen y castigo’ de Dostoyevski, obra que salpica la trama de referencias y citas, como las que al inicio de cada capítulo dan pistas al lector (junto a otras de Agatha Christie, ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad o ‘El conde de Montecristo’, de Alexandre Dumas). “Antes de ponerme a escribir ya lo tengo todo medido y pensado, sobre todo las citas de libros, para ir colocándolas donde me interesa”, cuenta.

“Él es un idealista desencantado, que se ha dado cuenta de que ha sido manipulado por el poder. Los que ordenan las guerras no se mueven de sus despachos. Hay personas que no han tenido otra opción en tu vida, como los niños que fueron secuestrados en la selva y aleccionados. No es lo mismo que si has recibido una educación normal en Occidente. No pretendo que el lector empatice con él o lo justifique, porque un crimen no tiene justificación. Pero sí pretendo que no le sea tan fácil, porque no es un malo malísimo al uso”, apunta. 

María Oruña, en Suances, otro de los escenarios cántabros de ‘Los inocentes’. | Carlos Ruiz

Se pregunta Oruña: “¿Quién es más culpable de haber delinquido? ¿Quiénes son los inocentes y quiénes los culpables? ¿Los que saben que actúan mal o los que que pecan por omisión o inacción? Según las normas de cada época o lugar, si matas a uno, eres un asesino y vas a la cárcel; si matas a millones, recibes una medalla y eres un héroe; si matas a Dios eres un emperador”.

“El criminal, desde el momento de llevar a cabo el crimen, es un enfermo siempre”, cita, de ‘Crimen y castigo’. “Has traspasado el umbral y ya no hay retorno. Lo peligroso es descubrir lo fácil que es hacerlo -afirma-. Que quede claro que yo nunca he matado a nadie, pero sé de experiencias de condenados. Depende de si hay rasgos de psicopatía, que no sienten culpa, pero si no, sí la sienten o pueden torturarse por haber cruzado el umbral. O como en ‘Breaking bad’, que acaban pensando que ser bueno no les falicita la vida y ser malo se la hace mejor…”.

Instinto de supervivencia

Pero, psicópatas al margen, Oruña cree que “el mal está dentro de todos los seres humanos”. “Pero me refiero al instinto de supervivencia. En Occidente estamos domesticados, porque si tienes hambre y frío compras comida o te tapas con una manta. Pero si estuvieras en un conflicto bélico, o una semana encerrados sin comida en este balneario, por ejemplo, saldría nuestro instinto de supervivencia y seríamos capaces de matar al de al lado”.

De ahí, la escena inicial: al mismo tiempo en que ocurre el múltiple crimen en el Templo del Agua, “un mirlo acuático, una especie que solo existe en lugares de agua muy pura como este, ejecuta a una presa para sobrevivir. Y el mundo sigue girando”.

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