Manuel Jabois, autor del libro que inspira la serie sobre la trama asturiana del 11-M: “Montoya tuvo un deslumbramiento en la dirección equivocada con Trashorras”

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El periodista y escritor Manuel Jabois llevó al papel la historia de la trama asturiana del 11-M en “Nos vemos en otra vida” a partir de su entrevista a Gabriel Montoya, Baby, el adolescente de dieciséis años que, junto a Emilio Suárez Trashorras, participó en el traslado de los explosivos usados en Madrid el 11 de marzo de 2004. Ese libro inspira la serie que Disney + estrena mañana, y que ayer se presentó en el Festival de Málaga con los directores Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo y parte del reparto, del que forma parte el asturiano Roberto Gutiérrez (Baby en la adolescencia). Jabois habló con La Nueva España, del grupo Prensa Ibérica, sobre los resultados.

–¿Satisfecho?

–Me ha impresionado la fidelidad con el libro. Me ha impactado muchísimo ser consciente de que todo lo que se estaba contando en la serie era verdad. Estás viendo y escuchando a los protagonistas y el 90 por ciento de lo que se cuenta pasó en realidad. Eso ya es un valor en sí mismo.

–¿El casting le convence?

–Es que el Pol (López, Suárez Trashorras en la serie) está de premio. Su trabajo es impresionante. Y luego el chico que hace de Baby es acojonante, tengamos en cuenta que no se dedicaba a la interpretación, y el resultado es asombroso.

–Un descubrimiento de película…

–Pues sí, salía de una hamburguesería y lo vieron. Llevaban mucho tiempo buscándolo porque sabían que era un papel muy complicado y, de repente, aparece y ven que físicamente puede ser él. Se dan cuenta de que han encontrado un diamante en bruto. Hubo esa mezcla de suerte y talento que siempre acompaña a las grandes producciones.

–¿Cómo fue su experiencia en el rodaje asturiano?

–Subí un día. El ambiente asturiano está muy bien retratado, ten en cuenta que soy gallego y hay muchísimas similitudes, no solo en el habla, también en esa forma tan pragmática de ver la vida, de disfrutarla. Hay muchas cosas reconocibles. De todos modos no es una serie que pudo pasar exclusivamente en Asturias. Esto, por desgracia, pudo haber brotado en cualquier parte donde hubiese familias desestructuradas. ambientes marginales y demás, en el Bronx mismamente, o en un barrio de mi pueblo, Sanxenso, con el deslumbramiento del protagonista Baby con Trashorras.

–¿Cómo se enciende ese deslumbramiento?

–Por la ausencia paterna, creo. Lo marca mucho, y los directores lo describen muy bien. Trashorras como padre sustitutivo. Chicos que están en la calle, tienen amigos con padres fuertes, figuras autoritarias muy grandes, y crecen en un ambiente machista. Tenemos madre pero no tenemos padre, porque está en la cárcel o en cualquier parte, y de pronto aparece un hombre como Trashorras con una serie de virtudes que Baby crea a esa edad y con un criterio totalmente disparatado que debe acompañar a un padre: que dé miedo a los demás, que consiga todo lo que quiere y que, como decía, lo deslumbre. Con 16 años todos teníamos nuestros ídolos, el que más corría, el más fuerte, el que marcaba más goles, el que ligaba más, el que peleaba más… Y Baby, que está en la calle y no estudia, se encuentra con este hombre que conduce coches caros, consigue chicas porque se dedica a la trata de blancas y puede conseguir cualquier droga. Un deslumbramiento en la dirección equivocada.

–Y que no termina en arrepentimiento…

–No, y gracias a Dios porque yo quedo con él para hablar y digo: de estas entrevistas no sé si saldrá un libro o no, pero tenía claro que no sería un testimonio de exculpación ni de redención. El hecho de que él no se arrepintiera me ayuda a poner en perspectiva todo. No quería ser el vehículo para blanquear sus acciones a pesar de que era un adolescente, no es la misma responsabilidad que la de un tipo mayor de edad. No iba a ser el tipo que dijera “eh, yo no tuve la culpa, fue de mi entorno”. Si todos los que viven en un entorno desfavorecido acaban como acabó este chico estaríamos jodidos. Lo que hace la serie con inteligencia es ponerlo todo en perspectiva. Sabemos dónde están los buenos y dónde los malos. No hay debate posible. Este chico hizo el mal. No hay grises en esa acción.

–¿La serie puede ayudar a generar memoria?

–Lo más importante es que llegará a mucha gente porque ofrece información a la que no se tuvo acceso por la cantidad de distorsión que hubo luego. No opina ni analiza. No adoctrina. Puede dar alguna conclusión pero tienes que buscarla. Hay mucha gente que lee o escucha 11-M y se aparta, no porque no le duela sino porque acaba agotada de las teorías de la conspiración, de los agujeros negros. Y al final la información real de lo que ocurrió quedó bastante solapada. Todo se contó en el juicio, tampoco es que yo estuviera revelando nada nuevo, solo la vida de este chico que me la cuenta en exclusiva. Pero serie y libro están hechos de muchísimos testimonios que se contaron en el juicio y que pasaron desapercibidos porque lo importante era presentar la versión alternativa de la verdad.

–En el libro modificó su estilo.

–Predominan los verbos. Sin adjetivos. Sin juicios de valor. Un periodista cuando se encuentra con una historia así tiene que describirla. Cuando más floridamente escribí es cuando no tuve tanta información. Mi principal obsesión era descartar la que no es tan valioso. Mi opinión, mis adjetivos… estaban fuera de plano. El autor debe desaparecer por completo ahí. Cuando lo publiqué me decían: no se parece nada a otros libros tuyos, esperábamos unas risas… No tiene nada que ver con lo que publiqué antes ni después. Estro era una historia real y ahí tienes que saber poner bien las comas, los puntos seguidos y los puntos y los puntos y aparte. Lo que tengas que opinar sobre eso, macho, lo cuentas en una columna pero en la crónica no. El otro día hice una cosa que nunca hago. Releerme. Me llegaron las ediciones de bolsillo con la faja nueva por la serie. Yo no abro ningún libro que haya publicado porque me da muchísimo vértigo. Pero como en este caso no es una ficción ni tiene recursos literarios inventados por mí me puse a leerlo y lo hice con gusto. Es horrible decirlo de mí mismo pero es que leía una crónica periodística escrita hace diez años.

–Si entrevistara dentro de diez años a Baby…

–Con él pude tener una relación en la que puede haber cierta empatía, por su edad y tal, pero es imposible que yo ponga la mano en el fuego por alguien. No sé lo que piensa realmente ahora ni lo que pensará en el futuro.

–De la convulsa actualidad política española, ¿hay alguien que merezca una larga entrevista y un libro?

–Ahí me pillas. Hay demasiados como para elegir uno solo.

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