La prostitución ahonda la fisura del feminismo, que por tercera vez marcha sin unidad un 8M

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El primer 8M post Irene Montero no ha cambiado nada respecto a los dos anteriores. El debate sobre la abolición o no de la prostitución y el de los derechos de las personas trans continúan escindiendo al movimiento feminista en las calles, cuyas fisuras se hicieron especialmente visibles en la pasada legislatura. Así, y por tercer año consecutivo, el feminismo marchará separado en varias localidades de toda España, entre ellas Madrid. La capital vuelve a tener dos manifestaciones convocadas a la misma hora, pero con distinto recorrido y lema. Todo ello en un momento de contexto político y social en el que los discursos que niegan la existencia de la violencia de género ganan popularidad entre la población, especialmente entre la más joven.

Si en la pasada legislatura la mayor brecha vino a raíz de la incorporación de la llamada agenda queer (la de los colectivos con identidades sexuales minoritarias) a la cartera de Igualdad con Irene Montero de ministra, este año se suma con más fuerza la cuestión sobre la abolición o no de la prostitución, un debate histórico dentro de los movimientos feministas. A favor de su prohibición está el Movimiento Feminista de Madrid, que corearán su lema ‘La prostitución no es un trabajo. ¡Abolición ya!’ en su marcha desde Cibeles hasta la Plaza de España. Es la parte del movimiento que se negó a la autodeterminación de género que reguló la ley trans, entre las que se encuentran, por ejemplo, la asociación Contra el borrado de las mujeres.

Por otra parte está la Comisión 8M, que marcha con el lema ‘Patriarcado, Genocidios, Privilegios #SeAcabó’ de Atocha a Colón, y que tiene dos posturas fijas o claras sobre el trabajo sexual: “El no a la trata, para el cual se exigen todo tipo de medidas para su erradicación y, por otro lado, que la voz de las prostitutas sea un sujeto de pleno derecho“, explican a este periódico. “No se puede legislar de espaldas a las protagonistas”, añaden, por lo que piden su participación en cualquier debate sobre esto.

Reivindicaciones diferentes

Así, la diferencia entre ambas radica, sobre todo, en la transinclusividad y en las distintas posturas sobre cómo abordar la prostitución y la pornografía, pese a que hay abolicionistas en ambos bloques. Por ejemplo, la ministra Ana Redondo. Ella caminará con la Comisión 8M y con el resto de compañeras del Ministerio de Igualdad y del PSOE, al ser la marcha “mayoritaria” y con la que siempre ha ido su partido, tal y como señaló a la prensa este pasado miércoles. Había expectación por saber a cuál de las dos iría después de que el pasado 25N se decidiera a ir con las ‘feministas clásicas’. “Lo importante es salir a la calle”, aseguró ante los medios este miércoles, no que haya “una, dos o 20 manifestaciones”. Una declaración que para el Movimiento Feminista de Madrid supone “infantilizar a las mujeres”, al asegurar que son reivindicaciones son diferentes.

“Nosotras convocamos esta manifestación porque tenemos la obligación de hacer ciertas reivindicaciones políticas”, asegura Jana Bravo, portavoz de este movimiento. “Se ha intentado dialogar y llegar a acuerdos [para ir en una sola], pero al final no estamos reivindicando matices diferentes, sino cosas opuestas“, añade. Se refiere a “cuatro pilares básicos”: la “abolición de la prostitución, de la pornografía, de los vientres de alquiler y del género, entendido como constructo social que nos oprime”. Ya el pasado 2018, las abolicionistas marcharon en una columna propia. Hasta entonces, habían participado en la que convoca la Comisión 8M, que se remonta a los años 70, hasta separarse por primera vez en el 2022.

Puntos en común

Las integrantes de la Comisión 8M, que es claramente transinclusiva, debaten y consensúan durante más de medio año antes para llegar a puntos en común que se plasmen en su manifiesto, como explica la portavoz Rafaela Pimentel. En él, pese a no concordar en esos “cuatro pilares”, sí coinciden con algunas reivindicaciones del Movimiento Feminista de Madrid, especialmente en aquellas históricas -como la lucha contra la violencia institucional, económica y de género-, pero también otras que tienen que ver con el contexto social y político actual. En ambos textos recuerdan a las mujeres afganas, las ucranianas o iraníes, saharauis. Piden que se acabe el “genocidio” en Palestina y denuncian el cuestionamiento de la violencia de género, algo que cada vez preocupa más entre los feminismos. 

“Siempre hemos estado preocupadas por esto, y por todas las desigualdades y falta de derechos. Pero para eso salimos a las calles: para reivindicar y decir que existe la violencia contra las mujeres. Este año estamos diciendo que se acabó el silencio y el que nosotras nos quedemos en casa”, asegura Pimentel, que recuerda que el feminismo es un movimiento que viene con cambios. Para conseguirlos, para ellas y las disidencias, marcharán mañana por el Día de la Mujer.

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