La lección y el milagro de Ricky Rubio

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En un mundo en el que demasiadas veces la victoria o la derrota es una cuestión de vida o muerte, de fracaso o éxito, de todo o nada, Ricky Rubio nos hizo una demostración de humanidad y dio una lección a todos los deportistas, profesionales o amateurs, que el deporte está por encima del resultado y que el principal motivo de practicarlo está en la búsqueda de la diversión, el origen inicial para cualquier actividad física.

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El resultado, ganar o perder, acaba siendo una consecuencia de muchos factores, algunos controlables y otros no, pero que la prioridad es el camino porque en el recorrido está la diversión. Hacemos deporte, competimos, entrenamos para sentirnos bien, para gozar, para divertirnos y también para superarnos. Es una adrenalina que nace de forma natural para acabar llegando a un segundo objetivo, que es el de la victoria o el de la derrota. Es lo que parece que se olvidó Ricky Rubio y del que ahora se está recuperando.

Rubio es un fenómeno que ya despuntó siendo cadete cuando en la final del Mundial 2006 logró 51 puntos contra Rusia, con un triple vencedor sobre la bocina final incluido (fue apodado como el Milagro de Ricky Rubio). A partir de ese momento empezó un Dragón Khan deportivo que le llevó a debutar en la ACB con 14 años con la Penya, a fichar por el Barça con 19 años, a la NBA con 21 o a ser el MVP del Mundial 2019. Ricky Rubio es una gran estrella, pero vivir tantos años arriba no siempre es fácil y lo humano puede ser derrumbarte en algún momento. Y, entre medio, hay que tener en cuenta que sufrió algunas pérdidas que condicionan al más pintado.

La presentación de Ricky fue una avalancha de humanidad de quien ha tocado lo más alto. Y una lección de vida de cómo encarar el deporte y de saber disfrutarlo. Por todo ello, hay que recordar que se juega para disfrutar, algo que demasiadas veces los niños, los adolescentes, y los padres, nos olvidamos. Y ponemos como primer objetivo el ganar o perder. Aunque sea sufriendo. El problema es que este “sufriendo” acaba siendo una pena difícil de sobrellevar. Gracias Ricky por recordárnoslo.

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