La imposible sostenibilidad del edificio de 9 millones de habitantes que construye Arabia Saudí

La construcción del mastodóntico edificio-ciudad The Line, en pleno desierto de Arabia Saudí, sigue avanzando, con un sinfín de máquinas, grúas y obreros trabajando incansablemente en las arenas que albergarán este proyecto sin precedentes. Se trata, como ya se ha informado en este diario, de una ciudad lineal, de 170 kilómetros de largo y solo 200 metros de anchura, así como 500 metros de altura. Lo más curioso de todo es que el régimen saudí presenta la iniciativa como un ejemplo de sostenibilidad.

Y, sin embargo, ¿realmente puede considerarse sostenible tan faraónica obra, con todo lo que ella implica sobre el medio ambiente? El arquitecto Luis Lope de Toledo, que tiene un canal en Youtube dedicado a estas materias, ha dedicado un completo video a analizar los efectos ambientales (y también de habitabilidad) de tan singular ciudad. Su conclusión es que se trata de un proyecto “utópico e irreal” y, desde luego, difícilmente calificable como sostenible.

Para empezar, se refiere al muro de esta estructura, que estará totalmente recubierta de espejos reflectantes. “¿Qué ocurrirá con todas las aves que hay en la zona? Ya no es sólo que las estás obligando a modificar sus rutas migratorias, es que cientos de ellas pueden morir estampadas contra sus cristales”, señala Lope de Toledo, en referencia al hecho de que este gigantesco muro será invisible a estos animales.

Recreación del tramo final el edificio | Julian Faylona/Neom

Pero las dudas sobre su sostenibilidad van más allá. El príncipe heredero Mohamed Bin Salman ha afirmado que esta ciudad tendrá una huella de carbono cero cuando esté en funcionamiento, “pero el problema es que el enorme coste de carbono durante su construcción va a superar cualquier beneficio ambiental que pueda ocurrir después”, explica el arquitecto.

Tanta emisión de CO2 como todo Londres en 4 años

De hecho, Lope de Toledo se hace eco de lo que ha afirmado al respecto el director de la Escuela de Medio Ambiente de Sidney (Australia), Philip Oldfield: “No se puede construir un edificio de 500 metros de altura con materiales bajos en carbono, esto requeriría una cantidad fenomenal de acero, vidrio y hormigón”. De hecho, Oldfield calcula que la construcción de The Line produciría más de 1.800 millones de toneladas de CO2 incorporado, es decir, el equivalente a cuatro años de las emisiones totales de Reino Unido.

Excavadoras trabajando en la zona | Arabian Business

Uno de los motivos en que se basa la supuesta sostenibilidad de The Line consiste en que no habrá coches en su interior. El proyecto prevé que “todo esté a cinco minutos andando desde cualquier lugar”, según reza su publicidad. Ello sería posible gracias a la implantación de una línea de tren que iría de extremo a extremo de la ciudad, a lo largo de 170 kilómetros.

The Line asegura que ese trayecto se cubriría en sólo 20 minutos, pero eso implica, según lo cálculos de Luis Lope de Toledo, que dicho tren “debería ir a más de 550 kilómetros por hora”, incluso sin realizar paradas intermedias, cuando el ferrocarril más rápido ahora existente está en Japón “y va a 460 kilómetros por hora”. “Tendrá que mejorar mucho la tecnología si quiere cumplir lo de los 20 minutos”, añade.

Tampoco parece que se haya pensado mucho en cómo resolver la iluminación de una ciudad encajada entre dos muros de 500 metros de alto y de sólo 200 metros de ancho. Del mismo modo, la ventilación que habrá en el interior es un misterio. “¿No se les ha ocurrido pensar que, en vez de una fachada llena de espejos, esa piel debería ser porosa, para que corra el aire”, se pregunta.

El edificio ha de tener 170 kilómetros de longitud | Resortx/Neom

Todo ello hace que haya que acudir a la tecnología para la climatización y la ventilación, lo cual, una vez más, pone en duda la sostenibilidad del proyecto.

En su video, no alude al tema del agua potable, que se necesitará en cantidades ingentes para abastecer a la población, pero también para regar la abundantísima vegetación que se aprecia en las recreaciones virtuales. La solución que dan los promotores consiste en plantas desaladoras de agua de mar, que se abastecerían con energía solar. Sin embargo, otros expertos han expresado dudas sobre la viabilidad de esta energía renovable para hacer funcionar una planta de tales dimensiones.

De momento, las obras avanzan a todo ritmo, y cientos de excavadoras, grúas y otras máquinas se afanan en allanar el terreno del primer tramo de la obra. Aún no es visible ninguna estructura de The Line, pero ya se han clavado más de 45.000 pilones, según los medios locales, con picos de hasta 60 pilones instalados por día, una cifra excepcional.

La ciudad lineal, el peor modelo posible

Pero están surgiendo más voces críticas. Un artículo publicado en la revista NPJ Urban Sustainability, critica abiertamente el diseño de esta megaconstrucción. Según sus autores, The Line es precisamente la forma menos eficiente posible de hacer una ciudad. De hecho, defienden el diseño circular frente al lineal.

Rafael Prieto-Curiel y Dániel Kondor, investigadores del Complexity Science Hub en Viena (Austria), autores del artículo, afirman: “El proyecto nace como la encarnación del sueño de comenzar desde cero y repensar completamente una ciudad, pero, para empezar, una construcción lineal es la peor manera de diseñar una ciudad, si recordamos por ejemplo que durante miles de años se han creado ciudades con estructura circular. Por algo la humanidad tiene 50.000 ciudades, y todas son de algún modo redondas”.

Aspecto que presentan las obras en la actualidad | gilles pendleton

Según los arquitectos, la movilidad es el gran problema de The Line. Y es que su propia planificación hace poco viable trasladarse de un lugar a otro de la manera más sostenible que existe: a pie. Dos personas que vivan en esta ciudad estarán, como promedio, a 57 kilómetros de distancia la una de la otra. Eso supone que, tomando como ejemplo una distancia a pie de un kilómetro, solo el 1,2% de la población se encuentra a poca distancia unos de otros.

Para solucionar ese problema, The Line propone un sistema ferroviario de alta velocidad. Pero para los autores del informe, tampoco es la mejor idea. “Para que todos estén a poca distancia de una estación, debe haber al menos 86 estaciones”, explica Dániel Kondor. Como resultado, los trenes pasan un tiempo considerable en las estaciones y no podrán alcanzar altas velocidades de viaje entre dos estaciones. Según cálculos de los investigadores un viaje promedio en The Line durará unos 60 minutos de promedio, y al menos el 47% de la población tendría un viaje aún más largo.

……

Contacto de la sección de Medio Ambiente: crisisclimatica@prensaiberica.es

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *