La desconexión entre Sánchez y Feijóo augura una nueva legislatura de polarización

El fracaso de la reunión que este miércoles han mantenido en el Congreso Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez augura una nueva legislatura de gran polarización. Nadie esperaba un mínimo entendimiento entre ambos, sobre todo cuando los dos aspiran a la presidencia del Gobierno. Pero, a veces, el contacto físico entre las personas, la cercanía favorece la cordialidad. No es su caso, conocerse mejor no contribuye a que se tengan más afecto. Al contrario.

Las imágenes del encuentro hablan por sí mismas: rigidez física, semblante serio. Esquivan incluso la conexión visual. Se sabía que la cita resultaría un fiasco. Feijóo ha sido propuesto por el Rey para la investidura pero no tiene los votos necesarios ni margen para conseguirlos. Y Sánchez no está dispuesto a ayudarle porque entiende que pueda conseguir una mayoría alternativa. Ninguna novedad. Para lo único que ha servido es para constatar que entre ellos no es que haya frialdad, hay hielo. Y eso tiene efectos políticos.

Desde que el PSOE llegó al poder mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy, la incomunicación es la característica fundamental entre los dos partidos. Ha habido conatos de arreglo -primero con el estreno de Pablo Casado en la presidencia del PP y después con la de Feijóo- pero ninguno ha fructificado. Ni una pandemia ha logrado acercar a los dos principales partidos.

La pasada legislatura se ha desarrollado entre una gran polarización y ha consolidado la división de la política española en bloques: la izquierda junto a nacionalistas e independentistas, en un uno, los partidos de centroderecha en otro. Las elecciones generales del 23J han consagrado esta fragmentación y un escenario de polos opuestos. Y la falta de entendimiento entre Sánchez y Feijóo no augura un cambio.

La tensión se incrusta en el sistema, además, cuando el resultado deja al PSOE sin opciones de ejercer la ‘geometría variable’ y apoyarse en Ciudadanos, desaparecido de la Cámara (ni siquiera concurrió a las elecciones) o otros grupos. Ahora no hay juego. Los apoyos que Sánchez consiga deben acompañarle a lo largo de cuatro años. Por eso el PP habla de una legislatura “corta”, porque para todas las leyes y convalidación de decretos que apruebe el Congreso necesitará los siete votos de Junts y creen que en esa situación no podrá aguantar.

Antecedentes de reconciliación

Sin embargo, hay precedentes no muy lejanos de que una mala relación inicial acaba después en confraternidad y entendimiento, al menos, durante un margen de tiempo. Rajoy y Sánchez no tuvieron al principio ninguna conexión. El expresidente popular ni entendió ni perdonó que en el primer debate entre ambos le dijera que no era un “político decente”, algo que él calificó de “ruin” y “miserable”. Pero, pese a esa ruptura, con los meses recompusieron la comunicación para actuar conjuntamente ante el desafío independentista en Cataluña. El apoyo del PSOE a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que suspendió momentáneamente la autonomía, fue algo que Rajoy siempre agradeció. Otra cosa es que, tras la moción de censura, su opinión sobre Sánchez volviera a empeorar.

Hay incluso antecedentes de cohabitación imposible, la que mantuvieron Felipe González y José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero y Rajoy, que, con el paso de los años, después de que todos conocieran las dificultades que entraña ejercer la presidencia del Gobierno, han evolucionado hacia una comprensión mutua y hasta una amistad fraternal. Igual el paso del tiempo opera el mismo cambio en Sánchez y Feijóo. Pero no estos momentos no existe ningún dato empírico para presuponerlo.

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