Heroico empate del Barça Atlètic en un terreno de juego impracticable

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El partido entre el Real Unión de Irún y el Barça Atlètic no debió jugarse. El terreno de juego no reunía las condiciones mínimas para que el espectáculo fuera digno. El señor Pedro Eugenio Muñoz, del comité madrileño, permitió que se disputara una broma de partido. Un simulacro, una vergüenza de encuentro que tendría que sonrojar al mundo del fútbol. Los jugadores tenían serias dificultades para mantenerse de pie. Buscar un pase al compañero era un trabajo imposible. Lo que sucedió en el Stadium Gal fue una mezcla de waterpolo y tenis. Balonazo arriba, balonazo abajo. Resbalones, caídas, jugadores por el suelo. Un desastre de espectáculo.

El Barça Atlètic de Rafa Márquez compitió de manera admirable. Luchó, batalló, peleó cada balón y resistió en condiciones hostiles mostrando una actitud competitiva espectacular. Los jugadores intentaron todo lo que pudieron y probaron al límite las posibilidades que les permitía el castigado terreno de juego. Las lluvias que arreciaron a Irún dejaron el campo en un estado que imposibilitaba que el partido se jugase pero, lejos de lamentarse, los futbolistas blaugranas intentaron adaptarse y probar de trenzar alguna jugada aunque fuera simple. Era materialmente una quimera. El campo castigaba cualquier asociación o intento de combinación que no estuviera basada en un pelotazo largo. Fueron 90 minutos de infamia, de desesperación, de insulto al fútbol.

Aplazar el partido era la decisión lógica

No vale el tópico de que el fútbol es así y hay que jugarlo en cualquier circunstancia. Los jugadores tenían serias dificultades para mantenerse de pie. Los resbalones eran continuos y las imprecisiones, constantes. El árbitro puso en peligro con su decisión que la integridad de los jugadores estuviera a salvo. Los choques y caídas sin sentido eran constantes y con el paso de los minutos el césped empeoraba hasta el punto de provocar el hastío de todos los protagonistas del partido a excepción de un árbitro preocupado solo de cumplir el expediente y evitarse el trance de aplazar el partido. No es agradable para nadie en el aspecto logístico suspender el encuentro pero no había otro remedio.

Poco fútbol en el patatal

Sobre el partido en sí hubo muy poco a destacar en referencia a lo táctico. En la primera mitad ni los vascos ni los blaugranas fueron capaces de generar ninguna ocasión clara. Dominó más el filial barcelonista que lo intentó con un Noah Darvich muy intenso. De los locales no hubo noticias remarcables. Se limitaron a cumplir el expediente mostrando una tendencia a no arriesgar y a priorizar la defensa ante cualquier alegría atacante.

En la reanudación, los discípulos de Idiákez reaccionaron y dieron un paso adelante. El fuelle de los jugadores entrenados por Rafa Márquez descendió y solo dieron señales de vida ofensivas con una doble llegada de Faye y Pau Víctor. El Real Union gozó de un remate al larguero de Benito y un gol bien anulado a Escobar por fuera de juego. Ander Astralaga, inédito en la primera parte, se lució con dos intervenciones de mérito que salvaron un punto.

El Barça ha sumado 17 de los últimos 21 puntos en juego y encadenan por tanto siete partidos sin conocer la derrota. El panorama en Irún pintaba complicado pero el filial barcelonista mostró un amor propio y orgullo que le permitió sobrevivir en un contexto totalmente opuesto al que favorece el estilo de juego blaugrana.

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