En busca de 12 neoyorquinos capaces de ser imparciales y justos con Trump

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Se sabía que iba a ser misión harto complicada elegir en Nueva York el jurado popular de 12 miembros, y seis suplentes, que debe juzgar a Donald Trump en el extraordinario e histórico juicio contra el primer expresidente de Estados Unidos que se sienta en un banquillo imputado por lo penal. Ha quedado demostrado este lunes en la primera jornada del juicio y de ese proceso de selección.

De los primeros 96 potenciales integrantes del jurado que han comparecido ante el juez Juan Merchan, Trump y su defensa y el equipo de la fiscalía que dirige Alvin Bragg, una variada mezcla demográfica que ha representado la diversidad de la ciudad, más de la mitad han sido excusados inmediatamente. Ha sucedido cuando han admitido a mano alzada que no podrían ser justos e imparciales en este proceso, en el que Trump enfrenta 34 cargos por delitos relacionados con los pagos un mes antes de las elecciones de 2016 a la estrella porno Stormy Daniels para silenciar su historia de una relación sexual.

Otros nueve más han sido excusados tras levantar la mano cuando el juez les ha preguntado si tenían otras razones para no servir. Y luego otros han seguido cayendo: como la mujer que pese a asegurar que podría ser imparcial ha reconocido que tiene “fuertes opiniones” sobre el expresidente y candidato republicano para noviembre o un hombre que podría perderse la boda de su hijo si el juicio, que está estimado que dure entre seis y ocho semanas, se prolonga.

Al final de la jornada, cuando quedaban 32, solo nueve habían superado la ronda inicial de cuestionamiento, que incluye responder a un cuestionario con 42 preguntas preparado por el juez Merchan. Entre los interrogantes están qué medios de información consumen; si alguna vez han trabajado o actuado como voluntarios en grupos pro o anti Trump; si forman parte de grupos extremistas o los apoyan; si están suscritos a algún grupo de correo de Trump o su campaña, si lo siguen en redes sociales, han acudido a alguno de sus mítines o han leído alguno de sus libros (algo que también se pregunta sobre Michael Cohen, el abogado que pagó a Daniels y será testigo estrella).

Ninguno de los nueve, no obstante, se había asegurado definitivamente un espacio en el jurado del histórico caso, ‘El pueblo contra Donald Trump’. Y serán sometidos a más preguntas este martes, cuando seguirán desfilando también más neoyorquinos obligados por la Constitución a comparecer para este deber ciudadano. Son, en total, cerca de 500 convocados.

El juez puede excusarlos si encuentra causa para hacerlo, detectando parcialidad o conflictos en las respuestas que también darán a preguntas de fiscales y defensa. Y las dos partes tienen también autoridad para eliminar a 10, y a dos de los suplentes, sin dar explicaciones de sus razones.

 

Un barrio demócrata y con escaso amor por Trump

Las dificultades de este proceso de selección ya se anticipaban. El juicio tiene lugar en Manhattan, un barrio de donde deben salir todos los integrantes del jurado y donde el 70% de los 1,4 millones de adultos están registrados como demócratas.

Ya cuando era empresario inmobiliario que regaba todo de letras doradas, estrella de televisión realidad y habitual de los espacios de corazón, Trump nunca fue un personaje demasiado querido. No era inusual, por ejemplo, que sonaran abucheos del público en las pistas del Abierto de Tenis de Estados Unidos cuando aparecía por allí y salía en las pantallas gigantes que suelen pescar a famosos entre el público. Pero el desamor se disparó aún más cuando entró en 2015 como un elefante en la cacharerría de la política de Estados Unidos, una vez que estuvo en la presidencia del país y cuando intentó impedir la certificación de la victoria de Biden en 2020, al que en Manhattan votaron entonces un 87% de los electores.

El sentimiento anti-Trump extendido en la isla, así como el impacto en la población de publicidad negativa sobre el republicano, son argumentos que la defensa ha tratado de esgrimir para intentar que el juicio se desarrollara en otro lugar. Pero un juez de apelaciones se negó a posponer mientras decide un tribunal al que han recurrido. La fiscalía asegura que mucha de la publicidad negativa la han provocado los propios comentarios de Trump. Y el juez Merchan está convencido, como ha escrito, de que habrá jurados capaces de “aparcar sus sentimientos personales y tomar una decisión basada en las pruebas y la ley”.

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