El PSOE intenta reducir el daño interno de la salida de Ábalos: “Su arrastre entre la militancia es nulo”

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El PSOE asistió el martes con incredulidad, incluso en estado de shock, a la salida de José Luis Ábalos, el exministro de Transportes y exsecretario de Organización que se marchó al grupo mixto del Congreso tras negarse a abandonar su escaño, como le había pedido Pedro Sánchez, por su “responsabilidad política” en el caso Koldo. En la mayor crisis interna vivida en los últimos años, marcados por la férrea autoridad del secretario general, Ábalos, cuyo asesor Koldo García cobró presuntamente comisiones en la compra de mascarillas al comienzo de la pandemia, se encuentra ahora a las puertas de ser expulsado del partido

Un día más tarde, sin embargo, los socialistas comienzan a hacer balance y restan dramatismo al desacato y tormentosa marcha de quien fue mano derecha de Sánchez. Admiten el efecto sobre la “moral” de los afiliados y sus consecuencias electorales, pero al mismo tiempo reducen el daño interno de todo este amargo trance. La capacidad de influencia que tiene Ábalos sobre las bases del partido, señalan las distintas fuentes consultadas, es “muy escasa o nula”, a pesar de su antiguo peso orgánico y los mensajes que lanzó durante su ya viral comparecencia del martes, en la que apeló a los militantes para sostener que estos no estaban “satisfechos” con la decisión tomada por la cúpula del PSOE.

“Su vinculación con Koldo y su marcha al grupo mixto no son una buena bandera de enganche”, señala un líder territorial sobre el exministro, que no está siendo investigado dentro del proceso a su antiguo colaborador. “Ni siquiera en València tenía ya arrastre. Y con todo lo que ha pasado, aún menos”, argumenta otro dirigente. 

Nacido en Torrent en 1959, Ábalos desarrolló la mayor parte de su carrera política en el PSPV, hasta que se convirtió en uno de los pocos diputados que mantuvo su apoyo a Sánchez tras su forzada dimisión como secretario general en 2016, contribuyó a su victoria en las primarias frente a Susana Díaz y Patxi López y fue nombrado secretario de Organización del PSOE, un puesto en el que se mantuvo hasta 2021. Aquel año, por motivos nunca explicados, el presidente del Gobierno lo relevó de este cargo y del Ministerio de Transportes. Desde entonces, su ascendente estaba en decadencia, pero todavía tenía un puñado de fieles en la federación valenciana. 

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El exministro José Luis Ábalos (dech) y Koldo García Izaguirre (izq), a su llegada al Congreso en una imagen de archivo.
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“Se trataba más de un lobi que de otra cosa, con el objetivo de influir y conseguir cargos para sus integrantes”, explican fuentes del PSPV, que recuerdan cómo Ábalos respaldó en 2022 a Mercedes Caballero en las primarias para la Secretaría General de València. La candidata solo obtuvo el 20% de los votos, frente al 80% de su adversario, Carlos Fernández Bielsa. “Sus principales apoyos se encontraban ahora en la agrupación de Almussafes, pero incluso allí ya están resituándose, espantados ante todo lo que ha ocurrido”, continúan las mismas fuentes. 

El cambio de discurso

Así que el daño interno de toda esta tormenta es “muy limitado”, insisten los socialistas, que este miércoles trataban de transmitir tranquilidad en este flanco. También, explicaron, por la actitud del propio Ábalos, mucho menos confrontativa que el día anterior. El martes, durante su comparecencia en el Congreso para anunciar que se marchaba al Grupo Mixto, dijo: “Quiero asistir al final de esta partida, obligando a quienes ahora pretenden echarme a la calle por la puerta de atrás a que tengan que mirarme a la cara”. Menos de 24 horas después, a través de varias entrevistas en distintos medios, el exministro señaló que no tenía “ninguna manta” de la que tirar, rechazando que fuese a acusar de nada a Sánchez, y anunció que apoyaría las distintas iniciativas del Gobierno durante esta compleja legislatura

Pero los colaboradores del jefe del Ejecutivo sí admiten preocupación por las consecuencias en las urnas del ‘caso Koldo’, con varias citas a la vuelta de la esquina tras la debacle de las elecciones gallegas del pasado 18 de febrero: vascas el 21 de abril y europeas el 9 de junio. Pese a no afectar por el momento directamente a Ábalos, el escándalo se alarga, con nuevas revelaciones cada día, y los socialistas argumentan que la corrupción siempre les perjudica más a ellos que a los populares. También en el estado de ánimo de las bases. “Esto afecta a la moral de los militantes. Habrá que ver cómo logramos que recuperen la sonrisa, pero el PP no lo va a poner fácil”, explican en la dirección del PSOE.  

La comparación con el PP

La sesión de control de este miércoles en el Congreso de los Diputados fue un claro ejemplo. Ábalos decidió no asistir, pero se convirtió en el gran protagonista de la cita parlamentaria, con Alberto Núñez Feijóo y varios diputados de su partido acusando a Sánchez, sin pruebas, de ser cómplice de este caso. “Usted lo sabía desde hace al menos tres años y lo tapó”, dijo el líder conservador.  

Sánchez contraatacó. Sostuvo que su Gobierno era “implacable” con la corrupción (aludiendo sin citar a la rapidez a la hora de actuar con Ábalos, pese a que no está siendo investigado) y recordó distintos escándalos del PP: de los “martillazos” para destruir el ordenador del extesorero Luis Bárcenas a la llamada “policía patriótica” que intentó ocultar la financiación ilegal del partido, pasando por el destino de Pablo Casado, que fue forzado a abandonar la presidencia de los populares tras denunciar el presunto cobro de comisiones en la compra de mascarillas por parte del hermano de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. 

“La militancia y los votantes tienen claro que este Gobierno llegó tras una moción de censura para parar la corrupción en seco, porque con el PP se había desbordado y afectaba de lleno incluso a Mariano Rajoy -señala la versión oficial de la ejecutiva socialistas-. Además, la sobreactuación del PP ya solo engaña a los suyos muy convencidos. El PSOE lo llevaba diciendo años. Cuando ha llegado el momento, ha actuado conforme a su palabra. El listón está alto. Con esta exigencia, probablemente en los años Rajoy hubiese caído más de medio Gobierno central y alguno entero en alguna comunidad autónoma”. 

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