Diada 2023: Las 10 preguntas que debería hacerse el catalanismo político

Corresponde al pensamiento catalanista, que no debe confundirse necesariamente con el nacionalismo ni en modo alguno con el independentismo, realizar una revisión a fondo el día de la Diada a ciertas visiones para responder con claridad a algunas preguntas después de tantas décadas de democracia y de autogobierno.

¿Cuál es el lugar de Cataluña en España, particularmente en cuanto a la participación del catalanismo en la gobernabilidad, y, en sentido inverso, cuál es el papel de España, a través del Gobierno central y la Administración general del Estado, en Cataluña?¿Cómo sortear el pesimismo sobre la vertebración territorial si lo que ha habido desde 1979 siempre son avances en competencias y autonomía? Si el catalanismo quiere ser un motor, como lo fue durante la transición, de cambios y reformas, ¿por qué no abandonamos el pesimismo, la aspereza y el resentimiento?Dado que el catalanismo es un proyecto hispanista, a favor de un Estado compuesto, de orientación federal, y de compromiso europeísta, ¿por qué emocionalmente no reivindicamos la idea de España sin complejos?¿Qué nos falta para que la cultura política española asuma con todas sus consecuencias el hecho de la catalanidad y del catalanismo como un dato positivo y enriquecedor de la realidad española contemporánea? Sin embargo, ¿conviene precisar qué pedimos y qué ofrecemos? Y, al mismo tiempo, ¿por qué no integramos desde el catalanismo la españolidad política e identitaria de forma desacomplejada?¿Cómo compatibilizar la promoción de la lengua catalana, a fin de que siga siendo una lengua útil e incluso imprescindible de comunicación social, con los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos de Cataluña?¿Por qué no damos por clausurada la etapa de la normalización lingüística, que se ha cerrado con gran éxito en lo que se refiere al uso de la lengua, y afirmamos que Catalunya es y será bilingüe (y plurilingüe) se quiera o no?¿Por qué no alejamos el catalanismo de los sueños monolingües, declarando que el castellano es también la otra lengua de los catalanes, y evitamos la politización de la lengua catalana que tanto mal le ha hecho durante los años del proceso?¿Por qué no convertimos el catalanismo en la bandera de la laicidad identitaria, nos desprendemos de visiones esencialistas y proclamamos que España es la otra nación de los catalanes y catalanas?Hoy, cuando hablamos de un Gobierno español que es espejo de la España plural, ¿estamos más cerca o más lejos de lo que perseguía el catalanismo al empezar la transición¿Por qué no hacemos del buen gobierno, el rigor, la seriedad, el compromiso con las promesas, el primer deber de los políticos y gobernantes catalanistas? Si amamos el autogobierno, ¿por qué no los prestigiamos en serio?

En definitiva, es necesario que vuelva un catalanismo afirmativo, autoexigente, claramente desacomplejado sobre el camino recorrido, optimista sobre el futuro de Cataluña y España y que no tenga miedo de mirar la realidad social catalana tal y como es. Planteadas todas estas cuestiones, que incluyen un gran número de derivadas, habría todavía una pregunta final: ¿Para qué cuestiones el catalanismo puede facilitar la aparición de espacios de consenso y acuerdo a la etapa posproceso que ya hemos iniciado?

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