Del éxtasis de Aleix al drama de Bagnaia

El GP de Catalunya es la carrera de casa para muchos pilotos de la parrilla, pero muy especialmente para Aleix Espargaró, que nació a pocos kilómetros del Circuit. El año pasado se le escapó la victoria por un error de bulto, ya que se confundió y dio por terminada una carrera que estaba liderando con una vuelta de antelación. Esta vez se ha resarcido y lo ha hecho a lo grande, ganando el sábado la Sprint Race y el domingo una carrera larga que ha empezado con una primera vuelta caótica, dramática.

La victoria de Aleix y la segunda posición de Maverick Viñales le dieron a Aprilia un espectacular doblete en un gran premio que se ha evidenciado más que nunca la caída del imperio japonés. Ni Honda ni Yamaha están a la altura y el trabajo de las marcas europeas está marcando el destino del campeonato. Una imagen vale más que mil palabras: La primera Honda fue la de Marc Márquez, que terminó decimotercero. El prestigio de HRC, que ha perdido el rumbo, se resiente y las dudas sobre el futuro inundan el paddock. Tienen que empezar de cero cuanto antes y construir una moto competitiva.

Todos esperábamos que Pecco Bagnaia fuera protagonista, pero ciertamente nunca imaginé que pudiera pasar lo que ha pasado. Segundo en la Sprint y saliendo desde la pole pensaba que era un día perfecto para apuntalar su ventaja, pero todo saltó por los aires en una primera vuelta caótica. El campeón, justo después que Bastianini provocará un strike a final de recta, perdió el control de su Ducati de forma espectacular yendo primero y Binder, que no le pudo evitar, le atropelló. La imagen fue dramática. Fantasmas del pasado cruzaron por mi mente, pero las primeras exploraciones indican que no tiene nada grave en la pierna y no excluyo que corra el próximo fin de semana en Misano. ¡Forza Pecco!

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