Christina Rosenvinge: “Pocas mujeres atravesamos los 50 años con la guitarra eléctrica colgada”

Dice que si ha vivido 40 años de la música es porque ha tenido las circunstancias que describía Virginia Woolf para ser una mujer libre y escribir: no depender económicamente de nadie y tener su cuarto propio. ¿Cómo ha sido el camino?

Bueno, siento que no fue más difícil que para cualquiera, ha habido momentos de todo pero mi balance es muy positivo. Lo es, simplemente, por seguir demostrando que se puede tener una vida profesional larga dentro de la música pop, que es algo que muy pocas mujeres han conseguido, por desgracia. Pocas mujeres atravesamos los 50 años con una guitarra eléctrica colgada. En este sentido, mi carrera es una demostración de que se puede hacer: se puede vivir de esto teniendo hijos y cumpliendo tus sueños y expectativas. Creo que mi experiencia es una buena noticia para todas las que vienen detrás. 

Antes de forjarse un nombre propio en la música formó parte de numerosos dúos y bandas. En sus comienzos en los 90, ¿se dudaba de su legitimidad por ser mujer frente a la calidad de su música?

El hecho de ser mujer hizo el camino mucho más costoso, especialmente en los primeros años de mi carrera. Ahí sí que fue más difícil conseguir respeto, hacerme valer. Pero, a partir de ahí, creo que ha sido una carrera en la que he tenido suficientes apoyos como para poder continuar, afortunadamente, y sobre todo, he tenido el apoyo del público, y eso es lo más definitivo, sin duda.

“Aunque hago muchas cosas, me considero antes de nada y por encima de todas las cosas, letrista”

Se desenvuelve en distintos géneros, estilos y lenguajes, pero en el principio siempre estuvo la letra, ¿no?

Aunque hago muchas cosas, me considero antes de nada y por encima de todas las cosas, letrista. Creo que si mis canciones están ahí y aún son recordadas es, sobre todo, por la letra. También considero que, en general, son las letras las que convierten las canciones en eternas. 

Siempre ha marcado su propio camino de giros e improvisaciones, como al pasar del éxito pop con Álex & Christina a cantautora de rock en contacto con la escena más alternativa. ¿Aquel fue un movimiento inusual en la época?

Yo siempre he sido muy infiel a los estilos. En ese sentido, mi primera banda se aproximaba más al punk, y luego, sin embargo, Álex y Christina era un proyecto absolutamente pop. Después sí es verdad que pasé por hacer un proyecto mucho más rock, pero luego también he tenido épocas en las que he hecho música más experimental, pero siempre me he mantenido dentro del ámbito de lo que podemos denominar como ‘canción popular’.

Es curioso que escoja el término ‘popular’ antes que ‘indie’, que es el terreno en que la suele encuadrar la crítica. ¿Quizás estén algo desdibujados ambos conceptos?

Sí, yo los veo muy desdibujados realmente porque, en un principio, los sellos indies eran muy minoritarios y ahora ya no es así. Ya no está tan claro que entre las majors o compañías internacionales y las compañías indies, que suelen ser locales, haya tanta diferencia. Incluso, unas han asumido a otras y ya los sellos grandes a veces tienen también dentro sellos pequeños. En fin, la cosa se ha mezclado mucho.

Aunque se declara enemiga de la nostalgia, este año celebra el 30º aniversario de Que me parta un rayo, su primer disco en solitario, un golpe en la mesa bajo el prisma feminista dentro del rock. ¿Cómo vive esta gira?

Pues ha sido extraordinario lo que ha ocurrido este año con Que me parta un rayo, porque en un principio iban a ser cuatro conciertos para rememorar un disco que fue el que me puso en el mapa, y que es muy recordado, pero que yo no había vuelto a tocar entero desde 1996. Y de repente empezaron a salir más conciertos, sobre todo, en Latinoamérica, y ha habido tanta demanda que se han ido añadiendo fechas. Es que no se pensó como una gira al principio, sino como esos cuatro conciertos, pero luego, espontáneamente, un montón de promotores y de distintos países se han ido sumando a esa gira. Esto incluye, por supuesto, el concierto en Las Palmas de Gran Canaria. A mí me emociona mucho porque, como decías, no soy de conciertos ni discursos de nostalgia, pero me ha abrumado la acogida tan grande de la gente.

Es que ese disco tiene buenas letras.

(Risas). No sé si está bien que yo lo diga, pero las canciones estaban muy bien escritas, tenían mucha letra y cuentan muchas cosas. Creo que, por eso, el disco trascendió. Y quizás eso sea también digno de celebrar 30 años después. 

“Mi carrera es una demostración de que se puede vivir de esto teniendo hijos y cumpliendo tus sueños”

También acaba de culminar su undécimo disco en solitario, Los versos sáficos, cuyo primer adelanto saldrá este otoño. ¿Cómo ha sido su proceso creativo, que parte de la premisa de “devolverle la música a Safo”?

Pues ese es un proyecto que se estrenó el año pasado en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, en coproducción con el Grec de Barcelona, donde se me encargó un espectáculo sobre la poeta griega Safo. Mi idea desde el principio fue devolverle la música a los poemas de Safo, que en su origen eran cantados, pero en vez de intentar recrear algo históricamente fidedigno o que tuviera cierta aproximación historicista, lo que hice fue todo lo contrario: coger todo el espíritu de Safo y convertirlo en lo que sería su equivalente hoy en día, que es la canción pop, como una rockstar de Lesbos. Y el resultado es un disco que reúne las siete canciones que sonaron en la obra, más otras dos canciones que escribí después, pero inspiradas también en esos versos de Safo. Sin duda, es un disco distinto a lo que suelo hacer, porque todas las canciones son canciones que hablan de amor y que recrean el mundo sáfico.

Christina Rosenvinge durante un concierto. | TORBEN CHRISTENSEN

Otro reto este año ha sido componer su primera banda sonora original, en concreto, para la película mexicana Hombres íntegros. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Me preguntan poco por ese proyecto, ¡qué bien! Pues justo acabo de terminar la grabación de la banda sonora, ya solo nos queda hacer las mezclas. Este también fue un encargo muy hermoso por parte de su director, Alejandro Andrade, que lo que me propuso fue hacer una banda sonora instrumental basada en guitarras para su película. El 95% de la banda sonora es instrumental, de hecho, hasta la canción de créditos no hay una canción realmente cantada, que es un himno cátaro del siglo XV. Pero ha sido un trabajo muy bonito porque tenía muy pocas imposiciones por parte del director, así que me he sentido bastante libre para hacerlo como yo quería, y eso siempre es maravilloso para una creadora.

Y ahora, ¿qué canción le queda por escribir?

¿Sabes qué pasa? Que esta profesión nunca se acaba porque siempre tienes la sensación de que la canción definitiva está delante. A veces tienes la sensación de acercarte, pero luego siempre da la sensación de que mañana va a salir otra canción mejor, así que por eso resulta todo tan adictivo, porque cada vez que una agarra la guitarra parece que hay una canción genial esperando. A veces salen canciones que trascienden y que realmente tienen una vida muy larga, y otras veces son canciones que se quedan en ese mismo día. Pero esa sensación de que un nuevo día te va a regalar una nueva canción que puede ser única, en mi caso, no se acaba nunca.

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