Christian Flores volante de Municipal: Es futbolista pero también mozo y albañil

Christian Flores Córdova (22) es jugador de Deportivo Municipal, sus amigos le dicen Ojitos y en el desarrollo de su vida tiene historias que lo han marcado a fuego.

Por mencionar alguno, cuando iba a debutar en la ‘U’, le dio COVID-19 y ha tenido la oportunidad de trabajar como mozo y albañil.

—¿Es verdad que has sido, digamos, mil oficios antes de ganar un lugar en el fútbol?
—Sí. Mi mamá tiene un restaurante en la avenida Canta Callao y yo la ayudaba como mesero.

—¿Le ayudabas todos los días?
—Los fines de semana o de lunes a miércoles. Yo era muy carismático para atender, pero no había propina…

—¿Qué más hacías?
—A mi abuelo, que es albañil, lo ayudé en el tiempo de la pandemia porque la ‘U’ no me llamaba a pesar de tener contrato vigente.

—¿Qué es lo más complicado que te tocó hacer con tu abuelo?
—Fueron tres semanas duras, que es cuando comprobé que ese trabajo no era para mí, pero me tocó estar ahí, por eso valoro a la gente. Uno de los trabajos más complicados que me tocó hacer fue una zanja.

—¿Pero estabas con buen físico?
—Nada, terminaba con un fuerte dolor de espalda. Era impresionante el esfuerzo y llegaba casi ‘muerto’ a casa.

—¿En lo económico te fue bien en la construcción?
—Gané lo justo… Yo solo era un peón, ja, ja, ja…

TIEMPOS DE PANDEMIA

—¿De qué barrio eres?
—Del Callao, pero estudié en el Juan Pablo II Peregrino de la Paz de San Martín. Mi curso favorito era Educación Física, pero no descuidaba los otros cursos, era de media tabla para arriba…

—¿Y cómo se fue dando tu ingreso al fútbol?
—Me inicié en el César Vallejo en la sede de San Miguel y el profesor Balán (Gonzales) me llevó a Universitario cuando tenía 15 años. Estuve con Piero Quispe, que es de mi barrio y lo considero como mi hermano. Vivimos un tiempo en Campo Mar. Nuestro técnico era Chamuco (Samuel Eugenio) en la sub-17 y sus palabras que más recuerdo eran: “Sean serios, si no, nos van a meter una goleada y al final nosotros éramos los que goleabamos”.

—¿La rompía Piero Quispe?
—Era fácil jugar con él y nos solucionaba todas las cosas. También estuvo en ese grupo el actual portero de la ‘U’, Diego Romero, Leonardo Rugel (Municipal), Jorge Agüero (ADT), Tiago Cantoro (Cusco FC), Matías Carpio (Alianza Atlético), entre otros.

—Llegar a los entrenamientos era un vía crucis para ti, me imagino, desde el Callao a Campo Mar, ¿no?
—Vivía en Canta Callao con Alisos y solo en transporte de ida y vuelta eran más de cinco horas y media. En el tiempo del colegio, me daban permiso al mediodía, ya que la salida era a las 3:30 de la tarde. Las tareas las trataba de avanzar en el colegio o a veces me ampliaban los plazos los profesores.

—¿Cómo nace el apelativo de Ojitos?
—Desde mi barrio todos me llamaban así, es raro que me llamen por mi nombre o apellido, siempre Ojitos…

—¿Y cuándo fue tu debut en la ‘U’?
—Justo para debutar me da el covid, pero no me desanimé, dije que regresaré con fuerza. No me dio tan fuerte, pero sí más de cinco meses estuve sin gusto ni olfato. Me tocó debutar el 10 de mayo del 2020 ante UTC, con el profesor Comizzo, y no demostré lo que tenía que hacer. Me costó mi primera experiencia en un equipo profesional. Sé que voy a tener revancha en la ‘U’, lo dejo ahí…

—¿Qué hiciste con tu primer sueldo?
—Se lo entregué íntegro a mi mamá.

—¿La familia te apoya mucho?
—Siempre. Mi hermano mayor, César, es quien me prepara en lo que falta en el aspecto físico, táctico y me visualiza las jugadas.

¿Es verdad que eres muy hogareño?

Me levanto a las 4:30 de la mañana para irme al entrenamiento a Pachacamac de Municipal. Regresó a casa y me preocupo del cuidado de mis perros. En la tarde sigo los trabajos con mi hermano.

¿Le entras a la cocina?
Soy poco, pero si me defiendo cuando me requieren. Eso sí disfruto la comida que prepara mi madre en especial la sopa seca una vez al mes pues hay familia con raíces chinchanas.

Con la franja

—Y llegas a Municipal. En poco tiempo te has ganado un lugar en el equipo titular.
—Lo tomo de la mejor manera. Pero no hay que olvidar que el 2022 también hice en Coopsol una buena temporada, aunque sí reconozco que ahora me siento con mayor confianza y reconfortado porque en la calle la gente me saluda, no solo del Muni, sino también de Universitario, que dicen que nunca me debí ir del club.

—Ustedes ganan puntos en la cancha, pero por problemas dirigenciales se los quitan, ¿no?
—Del problema del tema de los puntos siempre evito hablar porque desconozco el fondo. De lo futbolístico te puedo decir que se ha formado un grupo muy fuerte y unido. Han subido gente de menores y reserva, pero estuvieron en pretemporada con nosotros y es por eso que, al debutar, tienen esa idea de juego y no desentonan.

—¿La dirigencia tiene una deuda con ustedes?
—Nos deben tres meses y sabes que de amor no se vive. Los que nos quedamos (otros 12 jugadores abandonaron el equipo por deudas) vamos a trabajar para clasificar a un torneo internacional y así va a ser, tengo fe.

—¿Cómo ves la llegada del VAR?
—A nosotros nos ha caído bien porque antes nos convalidaban en contra goles en off-side, aunque para convalidar un gol ahora hay mucho dramatismo al hacer muy larga.

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