Campeonas del mundo sin jugar

El miedo a perder tu espacio es duro. Te lleva al silencio. A la contradicción. A veces, al ridículo. Lo saben ya Jorge Vilda y Luís de la Fuente. Su ovación, puestos en pié, a Luís Rubiales para condenarle poco después, ya con el jefe desahuciado por la Fifa, forma parte de la crónica negra del deporte. Igual o peor fue lo de Sonia Bermúdez, pieza clave en la lucha contra el impresentable Quereda, cuya dictadura al frente de la selección se alargó 27 años. Bermúdez también aplaudió; luego, con el agua en casa, puso su cargo a disposición. Tarde para recuperar la credibilidad. La excusa de la incomodidad no vale. Santi Denia, campeón con la Sub21, no movió un dedo en la platea.

Ese contexto, el del miedo, es del que Rubiales trató de sacar partido con Jenni Hermoso. Jenni, en el prólogo del escándalo, quitó hierro a la conducta de Rubiales. En ese instante, Mundial en ristre, quiso celebrar. Ni intuyó la que se iba a montar ni que eso fuera a acabar con la supensión del presidente, que en una gestión comunicativa catastrófica no sólo no pidió disculpas sinó que convirtió a Hermoso en cómplice del beso. Ante eso, a Jenni no le quedó otra que interceder y desmontar la discotequera versión de Rubiales acerca del piquito.

Hermoso, como Alexia, no estuvo en el mail de hace un año, cuando 15 de sus compañeras pidieron un cambio a todos los niveles. Fue una redacción ambigüa, encriptada, acompañada del silencio. Demasiado, si lo que estaba en juego era algo tan grave. En mi opinión, pervive una lección. Sin ganar en Sidney, todo hubiera seguido igual. Y, ¿entonces, qué haríamos? El camino, para mí, era el de Mapi, el de Patri o Lola Gallardo. Aún sin profundizar lo suficiente, priorizaron su postura, fueron coherentes y se perdieron el Mundial. Lo difícil era eso: ser campeonas sin jugarlo. Ahora, una vez vencido el miedo, contar la verdad en un mail será más fácil.   

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