Adiós a la Liga, soñemos con la Champions

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En los últimos instantes del partido entre el Bilbao y el Barça se ha escenificado el problema de este equipo a lo largo de la temporada. Quedan 30 segundos, hay dos puntos en juego vitales para poder seguir luchando por esta Liga y se ponen a dar pases hacia atrás. Un equipo con sed de victoria, con garra, trataría llegar al área contraria como fuese para tener la última ocasión.

Esto se puede aplicar al resto de minutos jugados: si bien jugar en San Mames es siempre difícil y reconociendo que no ha sido un partido nefasto -viniendo de donde venimos-, el modelo de pases horizontales y la carencia de verticalidad hace imposible competir con cualquier equipo mínimamente preparado. Dejando de lado el físico que día tras día queda evidenciando por su inexistencia.

El Barça parece a un artista de altas capacidades que deja siempre sus trabajos a medias, un Da Vinci futbolístico que se pierde en fabulaciones pasadas, inventos futuros y frustraciones de todo tipo. Cada vez que ha existido la posibilidad de meterse en la lucha, de recortar distancia, de poner dudas al rival a batir -el Real Madrid-, ha dejado escapar puntos y con ellos cualquier esperanza.

Unos dicen que el problema viene de la gestión del club, otros culpabilizan al entrenador, algunos apuntan a los jugadores, pero creo que la respuesta correcta está en juntar un poco de todo esto. El club no está gestionado como debería, pero claro, con el agujero dejado por los que estaban antes es complicado redirigir el cauce del río. Xavi Hernández es un gran entrenador que ha pecado de falta de autocrítica. Los jugadores están en el selecto grupo de los mejores del mundo, pero les falta actitud. Se salvan pocos, sobre todo, curiosamente, los más jóvenes.

Pues aun viendo la minúscula mejora del equipo desde la prematura dimisión del entrenador, siendo conscientes de la amplia distancia que hay con el Real Madrid, podemos decir que ganar esta Liga sería una de las hazañas más majestuosas jamás vistas. La Champions parece un sueño aún más lejano; pero dejadnos soñar a los culés, dejadnos soñar de la misma manera que soñaba Leonardo Da Vinci antes de construir su siguiente gran invento.

¿Por qué no? Cosas más extrañas se han visto en el fútbol, y si algo tengo claro, es que estos jugadores y el entrenador tienen, sobradamente, la capacidad de lograr la gesta europea si realmente se lo creen. Solo hace falta pedir a la plantilla garra y actitud, mientras tanto los aficionados seguiremos ahí apoyándolos y soñando en lo imposible

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