A veces, hay que querer al enemigo

¿Sabías que creando diseños con CANVA puedes tener un negocio altamente rentable?

El fútbol es ese maravilloso deporte que tiene la capacidad de paralizar el mundo por unos instantes. La cosa más importante de las menos importantes, suelen decir. ¿Se imaginan, por unas horas, desear lo mejor a un enemigo de toda una vida? Hasta eso es capaz de transmitir la pelota. Ayer, lo vivieron los aficionados del Arsenal, que durante noventa minutos se encomendaron a su odiado Tottenham, uno de sus molestos vecinos en Londres, para tocar el cielo de Inglaterra tras 20 años volando bajo.

El Tottenham – Manchester City no era un partido cualquiera. Ganar o perder en su máxima expresión. Es cierto que en la vida hay muchos grises, pero en este caso era todo blanco o negro. Un duelo a vida o muerte que se llevaron los de Pep Guardiola, pero que se decidió por detalles.

Es ventajista decir que el City mereció la victoria con el partido ya finalizado. Sí, el equipo de Pep fue mejor, y ganó. 0-2. Doblete del insaciable Erling Haaland, que va camino de su segunda Bota de Oro en su segundo curso en Inglaterra. Si mantiene su inmaculada constancia, el City se pondrá ante el West Ham la corona que lo destacará por cuarto año consecutivo como rey de Inglaterra. Pero más allá del resultado, el fútbol volvió a dar varias lecciones muy importantes.

Nunca digas nunca. Tampoco digas siempre. ¿Algún aficionado del Arsenal pensaba que desearía con toda su alma que el Tottenham ganase un partido? Seguramente no. Y el que diga que ayer no lo sintió así, miente. Los ‘gunners’ dependían de los de Postecoglou para poder ganar la Premier League, trofeo que se les resistió el curso pasado cuando lo tenían a tiro. Parece que esta temporada también se quedarán con la miel en los labios.

En el Tottenham Hotspur Stadium se volvió a demostrar que los detalles marcan realmente la diferencia. Minuto 85. Mano a mano de Heung-Min Son contra Stefan Ortega. 0-1 en el marcador. En sus botas, el tanto del empate que metía a los suyos en el partido, y en la pelea por la Champions. El surcoreano, tercer máximo goleador de la historia del Tottenham con 162 dianas, no suele fallar en estas situaciones. Todo el trabajo del City se reducía a dos segundos. Tomó la decisión de colocar el balón cruzado, por abajo. Armó la pierna, disparó, y se topó con el meta alemán.

Quién lo diría hace unos meses. El portero suplente del City brillando ante la estrella del Tottenham para darle medio trofeo a su equipo. El que no falla contra el que muchas veces no puede fallar, porque juega Ederson. No fue clave ni con los guantes. De hecho, atajó el balón con su pierna derecha. La parada, que dejaba al Tottenham sin Champions, provocó el lamento de todo el Arsenal y la sonrisa de algunos ‘spurs’ (pocos), que anteponían fastidiar a su ‘enemigo’ a sus logros personales.

Y esto abre un debate muy interesante. ¿Qué determina el éxito? ¿Conseguir resultados es siempre sinónimo de triunfar? Si Son hubiese superado a Ortega y el partido hubiese terminado 1-1… ¿Habría sido peor el partido del Manchester City? Toda una temporada simplificada a dos segundos de juego. Lo mismo con el Arsenal. ¿Ganar 27 de 37 partidos es motivo para hablar de ‘perder’ una liga o de fracaso? Pero si el Tottenham hubiese empatado… ¿Entonces los ‘gunners’ habrían alcanzado el éxito? Bendito fútbol.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *